Éxodo 12,1-8, 11-14 ~ Salmo 116 ~ 1 Corintios 11,23-26 ~ Juan 13,1-15
Cada vez que coman de este pan y beban de este cáliz,
anuncien la muerte del Señor hasta que venga (1 Corintios 11, 26).
JESÚS, SABIENDO QUE SU HORA HABÍA LLEGADO...
LOS AMÓ HASTA EL FIN
Esta noche celebramos la institución de la Eucaristía, esa gran fiesta de nuestra salvación, que recuerda otra gran fiesta de la Pascua, la liberación de los hijos de Israel de la esclavitud en Egipto y su viaje a la libertad en la Tierra Prometida.
La primera carta a los Corintios (11, 23-26) relata este gran evento en nuestra tradición cristiana:
El Señor, la noche que era entregado, tomó pan, dando gracias lo partió y dijo: Esto es mi cuerpo que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía. De la misma manera, después de cenar, tomó la copa y dijo: Esta copa es la nueva alianza sellada con mi sangre. Cada vez que la beban háganlo en memoria mía. Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor, hasta que vuelva.
En esta noche recordamos nuestro propio camino a la libertad y nuestro paso a una nueva vida. Y podemos aprender de otros pueblos que han hecho este viaje, como el testimonio de un refugiado que huyó de El Salvador durante su guerra civil, sólo para volver a celebrar la noche del Jueves Santo con la gratitud de alguien quién ha conocido un gran sufrimiento y gran alegría:
Así como el pueblo de Israel recuerda su liberación de la esclavitud en Egipto, en la cena pascual nosotros también recordamos nuestra propia historia, cómo hemos vivido bajo la opresión, cómo nos organizamos para luchar contra la injusticia, cómo tuvimos que huir a las montañas para refugiarnos, cómo nos preparamos allí, aprendiendo muchas cosas, para que, una vez vueltos a nuestro país, podamos ayudar a reconstruirlo.
¿Cuál es nuestra experiencia de la Pascua? ¿Cómo hemos pasado de la esclavitud a la libertad en este itinerario cuaresmal? ¿Cómo hemos experimentado la liberación que proviene de nuestra identificación con Cristo sufriente en los “pueblos crucificados” del planeta, en los que nos encontramos en el camino, en los que han sido confiados a nuestro cuidado cada día?
¿Cómo podemos experimentar esta liberación en la Eucaristía que compartimos esta noche? El Evangelio comparte con nosotros el verdadero significado de este sacramento, el ejemplo de amor incondicional y de servicio: “Pero si yo, que soy maestro y señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Les ha dado ejemplo para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes” (Juan 13, 14-15).
Cada vez que coman de este pan y beban de este cáliz,
anuncien la muerte del Señor hasta que venga.
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